Esto me valió un 7 en Pensadores, la segunda vez que lo tomé. Lo publico porque creo que es bueno sacar cosas productivas de todo lo que en algún minuto fue una mierda. El autor era Julián Marías.
A veces me pregunto si seguiste viendo Gilmore Girls. ¿Te acuerdas de la vez en que te dije que la vieras? ¿Que era perfecta para ti, que te iba a encantar? Estuvimos rayando un tiempo con ella, así como hace años empezamos a rayar con Grey's. A ti siempre te gustaba el que a mí no. En Grey's yo me moría por Burke y tú por Alex, en Gilmore yo siempre fui Team Jess y tú Team Logan.
Me acordé porque me puse a revisar nuestro inbox. Lo hice porque la semana pasada fui al concierto de Drexler y porque pienso que hace tres meses que no hablamos, hace dos que estuviste de cumpleaños y hace uno que te pusiste a pololear con mi ex. Es curioso, Negra, ¿no encuentras? que finalmente hayamos coincidido en un gusto.
Estaba buceando en tu perfil, en el de él, en nuestros mensajes, para ver si daba con alguna pista, con algún indicio. Me pillaron tan desprevenida que pienso que no te hubieras atrevido. La Vale que yo conocí, que sabía prepararme café con una mano y leerme a kilómetros de distancia, que compartía conmigo su cama de plaza y media mientras nos quedábamos hablando hasta las 5 am, que cantaba conmigo canciones a canon, no se lo hubiera permitido. No hubiera dicho que sí. La Vale, mi Vale, hubiera dicho "cómo se te ocurre, qué estamos haciendo". Aunque mi Vale no hubiera dicho "si a ti te molesta, prefiero abstenerme", ni hubiera dicho "es algo que viene pasando hace tiempo, pero no quiero perderte a ti", ni hubiera vociferado "si prefieres cortar relaciones, no hay nada que yo pueda hacer". Ella no me hubiera hecho elegir a mí: habría sabido mantenerse lejos. Así que, pensándolo bien, seguramente es cierto. Definitivamente es cierto.
Buceé en las profundidades de nuestra amistad cibernética y no, nunca, jamás me di cuenta, jamás mencionaste nada. Lo único relativo a él lo encontré en julio pasado y decía "todavía te mira con ojos de amor" y el último evento al que ambas asistimos —al que los tres asistimos— fue a mi cumpleaños, en el verano.
Es raro que el tema me siga dando vueltas constantemente. No siempre me acuerdo de ti o de él, de hecho de él me acuerdo menos que nunca. Me acuerdo más de ti porque viví la mitad de la vida contigo y porque en todas las conversaciones que tengo, alguna de nuestras anécdotas es pertinente. Pero hace un tiempo decidí que basta de esta autocompasión y de idealizarte como una mujer sufriente, en una encrucijada, que está pasando por un mal momento y tomando decisiones erradas de las que después se arrepentirá. Por eso te escribí un mail, un sábado de abril, y te mandé un abrazo de despedida y te dije que lo sentía más que la cresta, pero que tenía que eliminarte de Facebook para vivir tranquila.
Me da pena porque nuestra historia era bonita po, Negra. Habíamos pensado en cómo le íbamos a contar a nuestros respectivos hijos las anécdotas que habíamos ido acumulando: todo lo que vivimos, lo que nos tocó soportar, lo incondicionales que fuimos para la otra.
El día que fuiste a mi casa a tomar once y pasar la tarde conmigo (el día que, para ti, era el de revelar lo que estaba pasando), te entregué un libro que te hice durante meses, para que escribieras tus cosas. Busqué extractos de todos los textos que me habían marcado alguna vez —Cortázar, Shoffstall, Ovidio, Neruda— y te las transcribí a mano para que te sirvieran alguna vez. Me pregunto si escribes en él, si leíste lo que te escribí, si piensas en nosotras.
Después me dijiste y, como era esperable, todo se fue a la cresta.
Ahora no estás y es curioso porque es como si te hubieras esfumado. Yo me corté el pelo más de veinte centímetros y me imagino que tú también debes estar distinta. Es increíble que la gente cambie tan rápido. Ya no estás, Negra. Te fuiste de forma turbia y lo peor es que todo se ha ido llenando de niebla hacia atrás desde entonces.
Ya no sé con certeza cuántas manos usabas para prepararme el café en nuestros días de colegio ni si dormíamos juntas o si yo usaba la cama nido. No sé, ni siquiera, si te gustaba el Ignacio cuando estaba conmigo, si ya estaban juntos cuando fueron a mi cumpleaños o si se sienten un poquito, un ápice culpables de estar juntos. De haberme dejado sola. Los dos.
La mejor amiga de Julián Marías fue su esposa. Tú fuiste mi mejor amiga, no el Ignacio. Con él ni siquiera fuimos amigos, fuimos pololos, que es distinto. Que a veces, pero no necesariamente, puede ser lo mismo. Dolorosamente intensos pololos, pero no amigos. Por eso a él no lo extraño, porque a ti te quedaba más rico el café y porque era a ti, Negra, a la que consideraba mi hermana.