Cuando estaba en la universidad hice un reportaje sobre los talleres de literatura en las cárceles de Santiago, que está publicado aquí: http://www.kilometrocero.cl/leer-para-liberarse/
Nunca había ido a una cárcel antes de eso ni había entablado conversaciones con presos. Esa vez me metí a dos grupos, cada uno era un curso distinto. En el primero había cuatro alumnos y conversamos amigablemente acerca de literatura. En el segundo deben haber sido más de diez y todos se mostraron más hostiles. Eran de torres más conflictivas y habían llegado a la cárcel también por motivos de mayor calibre. Les pregunté por qué les gustaba ir al taller y esto me dijeron:
-"Salimos del encierro, compartimos con las señoritas, nos enseñan cosas".
-"Aprender algo más fuera de lo común. Cuando uno tiene hijos sirve para no ser ignorante".
-"Venimos de una torre conflictiva y aprendemos cosas. La comunicación más sana es con las chiquillas. También para salir del mundo de la cárcel, los conflictos, los problemas. Acá tenemos libertad de expresión".
-"Es como estar con nuestras familias, pasamos un rato agradable. Es como estar compartiendo con una prima, amiga, una hermana. Es como estar en la calle".
-"Hay cosas que hemos aprendido acá que no sabíamos, que las podemos enseñar a nuestros hijos. La literatura, las poesías, cosas que no sabíamos realmente. A veces a nuestros hijos se los pueden enseñar en el colegio y nos pueden pedir ayuda a nosotros".