Debería aprovechar ahora que puedo, ¿o no? Como si mis pasos me llevaran siempre irremediablemente a él y sin embargo yo insisto en mirar al frente y seguir caminando.
Más rápido Consuelo, más rápido.
Los pensamientos que se van arremolinando aunque mis razones los disipen me persiguen de cerca, y me rozan los talones y a mí se me acelera el pulso. Entonces camino más rápido y a veces escribo, pero en la práctica no gano nada, porque sigue ahí y yo sonrío y me hago la tonta, no más. Si me convenzo de que no pasa nada, quizás de verdad nada esté pasando y así me ahorro un cúmulo de problemas de ésos que siempre estoy evitando.
No es que tenga miedo —eso lo aclaro de inmediato— es que a veces me siento insegura de la base sobre la que pueda construir. Aún tambalea, eso es lo que pasa. No por su sombra (que no ronda mi mente de esa forma hace eternidades), sino por las huellas que fue dejando. A veces arden, sobre todo porque mi mente ha ido borrando los detalles y eso a todas luces me anuncia que algo está mal. Y si algo está mal, entonces yo no puedo seguir avanzando. O en este caso aminorar la marcha, por eso corro.
Y tampoco sé si quiera construir sobre ningún tipo de base, ¿hacerlo para qué? ¿para que se derrumbe y vuelva a pasar todo esto de nuevo? No, gracias.
Por eso prefiero no tener sentimientos, o convencerme de ello, y seguir corriendo. Siempre seguir corriendo.
1 comentario:
Imposible no tener sentimientos, uno cree poder evitarlos, pero siempre te alcanzan y es peor que aceptarlos en un principio. Al menos así lo veo yo.
Me gustó tu texto y la reflexión que armaste, entrelazada de imágenes.
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