sábado, 17 de mayo de 2014

Goodbye dance

Hoy día Cristina se fue de Grey's. Ya era hora, encuentro, la serie siempre ha encontrado la forma de hacerme sentir identificada y desde que dejamos de hablarnos que me parecía inconexo que Cristina siguiera.
Ella, a diferencia de ti, se fue por la puerta ancha. Hubo bailes de despedida y llantos y promesas de contacto. Fue un bonito final para las dark sisters, igualito al nuestro. Ordinario y por whatsapp.
Hace un rato me llegó un mail que confirmaba que cobré mi Vale vista y, a la rápida, pensé que era un mail tuyo. Así de necesitada de un cierre estoy. Por eso me lloré todo el capítulo y sobre todo la escena del baile. Siempre acordamos que tú eras Meredith y yo era Cristina, así que decidí que esa va a ser nuestra despedida. Así fue como terminamos. 
Bailando una canción que te encanta en la pieza que fue testigo de lo que fuimos; yo moviendo mis rulos y tú haciendo tus pasos de baile. 
He was never the sun, negra, espero que lo tengas claro. You were. 
Farewell, Mer.

jueves, 27 de marzo de 2014

Fin de semana largo

Estación Salvador, 10.34, nos encontraremos detenidos por más tiempo del esperado. 
En una mano 3 bolsas y en la otra una maleta con la mitad de mi peso. 
Diez minutos después me bajo en Universidad de Santiago: todavía alcanzo. 
Pongo cara de mosquita muerta para que algún caballero me ayude con las maletas en las escaleras y entro al terminal hecha un relámpago. 
El asistente del bus está por cerrar el portamaletas. Recibo mi ticket, reviso mi boleto y tomo asiento en el 21. 
10.50 en Jueves Santo y lo logré. Saco mi celular y es eso lo que le escribo a mi mamá. 
Cinco horas de sueño, cuatro días de total paraíso y después, de vuelta a la jungla de cemento.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Fe de erratas

Tú: Oye, nuestro querido colegio está en la ruina.
Yo: A ver, "nuestro querido colegio" es mucha gente, será "tu querido colegio" pero no el mío.
Tú: ¿Por qué?
Yo: Porque yo no lo pasé tan bien, no me gustó tanto, la gente no me trataba bien.
Tú: Yo te traté bien.
Yo: Sí, tú, pero nadie más. Por si no te acuerdas, me hacían bullying.
Tú: Sí, me acuerdo.

Fe de erratas: donde dice "sí, tú, pero nadie más", debe decir "sí, pero después me pateaste y quedé hecha mierda, así que no se vale".


martes, 22 de octubre de 2013

Why I like you

El original acá:

¿Sabes por qué me gustas? Porque eres mi amigo. Porque eres mi mejor, más divertido amigo, con quien disfruto de pasar el tiempo, con quien me gusta hablar y a quien me gusta escuchar. Porque me haces reír y porque te hago reír. Porque es tan fácil y cómodo estar cerca de ti. Porque cuando te emocionas con cierto tema, quieres contarme todo sobre él y hacerme entenderlo. Porque confías en mí para entender tus pensamientos e interpretarlos. Porque eres una de las personas más extrañas que he conocido. Porque aunque pueda amanecer más abrazada con otros, sigo prefiriendo que seas tú.
Nunca te he dicho nada de esto porque me asusta hasta la muerte que hacerlo pueda destruir nuestra amistad y removerte por completo de mi vida, y eso es absolutamente lo último que quiero que pase. Preferiría sentirme miserable y celosa y triste y que todavía siguiéramos siendo amigos. Porque cuando estoy contigo, me olvido de que me siento miserable y celosa y triste.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Locomoción colectiva

Es la tercera vez que nos topamos en la misma micro y él se pone a recitar el exacto discurso de cada vez anterior: que se quedó cesante hace poco, que viene de Impuestos Internos –saca unos documentos– y que no le han dado ninguna solución. Que le avergüenza subirse a pedir limosna, pero que necesita alimentar a sus hijos. Mentira, pienso, no viene de Impuestos Internos ni quedó cesante hace tan poco. Sin embargo, saco una moneda de la mochila y la deposito en la blanca palma de su mano.

sábado, 18 de mayo de 2013

Terminó The Office

No recuerdo exactamente en qué curso estaba, pero creo que fue en segundo medio. Quizás primero, pero por esos tiempos. La época en la que el Jero llegaba los viernes y se iba los domingos, y a veces me ayudaba con mis pruebas y a veces me grababa películas. Ésa fue la época, el Jero me dijo "te tengo una serie, tenemos que verla juntos" y yo, como desde siempre, le dije que sí sin dudarlo. Así fue como empezamos a ver The Office en el computador de su pieza, tendidos en la cama. No sé si él se imaginaba lo que estaba creando, capítulo a capítulo, pero lo que sí sé es que esa invitación se volvió fundamental en nuestra relación. 
No es que mi relación con él se base en nimiedades como series o maratones de películas antes de los Oscar o la ceremonia, cada año a fines de febrero. No. El lazo es mucho más profundo que eso. Y sé también que muchas personas no se llevan bien con sus hermanos y que hay otras que dicen que sí, que buena onda, que son familia así que han aprendido a llevarse, pero ése no es mi caso. El Jero no es mi hermano no más, con quien veo series y me río y lloro: es una de las cosas más importantes que tengo en mi vida.
Cuando era más chica (bien chica, tipo seis años) siempre soñaba que el Jero se enfermaba y le pasaba algo. Siempre despertaba llorando. En ésa época no éramos tan cercanos como ahora, pero yo ya lo idolatraba incondicionalmente. Por esos tiempos era mi modelo a seguir, no más, el monito mayor al que siempre quería imitar y del que buscaba la aprobación constante. Eso bastaba: que el Jero se riera, que el Jero me contara algo. 
Lo de The Office pasó años después, cuando yo ya era grande (pero aún chica) y estaba en media y compartíamos el mismo humor y se volvió algo nuestro, ver la serie. Repetir las frases de Michael Scott, bajar capítulos y esperar que llegara el fin de semana para que el Jero viniera, mochila al hombro, a darse un tiempo de su vida de universitario para estar conmigo. Eso era todo para mí. La serie era un pretexto, era lo que venía por añadidura. Lo que más disfrutaba era explotar de la risa en las mismas escenas, que me sorprendiera con imitaciones de vez en cuando, que tuviéramos esa complicidad.
Entre maratones de temporadas nos pusimos al día y cuando salí del colegio ya íbamos esperando que saliera cada nuevo capítulo. Era una tradición instaurada.
Creo que por eso me dio tanta pena que terminara la serie. No porque le faltaran más temporadas, no porque Steve Carell se hubiera ido, no porque fuera a extrañar los capítulos ni mucho menos porque pensara que con ella se terminaría el lazo con mi hermano. No, esa opción nunca ha pasado por mi mente. Creo que me apena porque inevitablemente es el cierre de un ciclo que no puedo ignorar, que se está materializando ante mis ojos. 
Cuando empezamos casi accidentalmente a involucrarnos con esa historia, yo tenía quince, estaba en el colegio y esperaba que el Jero llegara cada fin de semana. Hoy, cuando terminé de ver el último capítulo de la última temporada, estoy en mi visita mensual a la casa, la vez que coincido en el Jero, por pocos días y pocas veces. 
Los dos hemos crecido y me alegro de que así sea, porque eso indica que estamos vivos y que hemos decidido crecer juntos, cerca. Pero me da pena y nostalgia pensar en que el tiempo pasa rápido, que ya no volveremos a vivir en la casa como cuando éramos más chicos y que al final, la vida avanza irremediablemente.
Sé que vamos a encontrar más series, pero The Office simboliza para mí toda la evolución de cómo mi hermano pasó a transformarse en "my person".
Por eso le tengo tanto cariño a la serie y por eso no pude decir palabra cuando escuché la canción cerrar ese perfecto capítulo. Porque yo sí sé reconocer que estos son los tiempos que el día de mañana voy a añorar. Porque tengo la posibilidad de llorar en el hombro del Jero y decirle que lo amo y yo sé que él entiende todo eso. 
Y eso, considero, es razón suficiente para estar agradecida.


domingo, 10 de junio de 2012

Síndrome del nido vacío

¿Qué voy a hacer cuando el Gabriel crezca? Cuando ya no se siente a jugar con el celular en mis piernas ni se venga a acurrucar a mi lado antes de dormir, cuando hable como grande y se vea como grande y actúe como grande y deje de ser mi Garyel. Cuando sea más alto y ancho que yo y tenga polola y me pida que no le diga Garyel frente a ella porque se llama Gabriel y le da vergüenza.



Va a ser tan, tan terrible.