jueves, 30 de junio de 2011

Era inevitable

Hoy, cuando bajé del bus acá en Santiago (luego de 5 días de larga ausencia) y reconocí los pasajeros, las bancas y los paisajes de siempre; sentí una oleada súbita de cariño. Fue extraño, nunca antes me había sucedido. Quizás se relaciona con el hecho de que, después de un semestre, cerca de 7 viajes y bastantes recorridos que terminé por memorizar, ésta también empieza a ser mi casa.

1 comentario:

Max Scheleff dijo...

Bienvenida a casa (: