martes, 7 de junio de 2011

La culpa es de la nieve

Recién es martes y presiento que esta semana será de analizar y re-analizar mi vida.
Todo es culpa del tiempo (no me malentiendan, tenía muchas ganas de que el frío nos tocara la puerta, pero me pongo nostálgica). Ayer casi podía tocar la nieve con mis manos, y descubrí que los edificios grises eran de espejo, así que se veían azules. Sí, se veía el cielo. Y además hacía frío.
Por eso es que estos temas me rondan la cabeza: ya no me afectan, pero sigo sin entenderlos. Creí haber entendido tanto y hoy la niebla de la incertidumbre puebla hasta los recuerdos más puros.
Su estación favorita era el verano, odiaba leer, sus canciones preferidas siempre eran hits del momento, le gustaba que le dijera que lo quería las veinticuatro horas del día, idolatraba a Pinochet, era hostigantemente optimista e increíblemente demandante.
Se me hace difícil imaginar a dos personas más diferentes juntas.
En la micro venía pensándolo y terminé por sonreír: descubrí que la vida es más que eso.
A veces no todo es caminar de la mano y jurarse amor eterno; a veces la vida enseña que las cosas más gratificantes se encuentran en los detalles más pequeños y que los mejores recuerdos se fabrican de aquellos momentos que nunca esperaste vivir.

#eso

1 comentario:

Max Scheleff dijo...

Me gustó mucho, en especial por tu sinceridad. Lo he leído al menos tres veces y sigue siendo igual de pausado, es entrete eso, uno no se aburre. :D