La imagen de sus labios vastos y firmes me tiene completamente insomne esta noche.
Tengo tantas ganas de tantearlos con los míos, que están sedientos desde hace un tiempo: explorar con mis manos los rincones de su cuello; rozar con mis dedos el borde de su cara, allí donde las sombras se pierden y los límites se desdibujan; conocer con mi nariz el refugio de piel que se esconde tras el lóbulo de su oreja y dejar que me invada su esencia de hombre en fuga.
Quiero cerrar los ojos y perderme en lo inoportuno del momento, aunque todo lo existente me grite peligro.
Quiero con demasiada fuerza darle un beso hasta saciarme el antojo. No para acurrucarme a su lado ni empezar a caminar de su mano; sino simplemente para salir de la duda, quitarme las ganas y respirar tranquila.
y eso.
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