"Hacer una entrevista es como torear, pero sin final trágico: tentar al toro y, cuando sale, hacerle honor a ese coraje".
Leila Guerriero.
jueves, 13 de agosto de 2015
martes, 7 de julio de 2015
Leer para liberarse
Cuando estaba en la universidad hice un reportaje sobre los talleres de literatura en las cárceles de Santiago, que está publicado aquí: http://www.kilometrocero.cl/leer-para-liberarse/
Nunca había ido a una cárcel antes de eso ni había entablado conversaciones con presos. Esa vez me metí a dos grupos, cada uno era un curso distinto. En el primero había cuatro alumnos y conversamos amigablemente acerca de literatura. En el segundo deben haber sido más de diez y todos se mostraron más hostiles. Eran de torres más conflictivas y habían llegado a la cárcel también por motivos de mayor calibre. Les pregunté por qué les gustaba ir al taller y esto me dijeron:
-"Salimos del encierro, compartimos con las señoritas, nos enseñan cosas".
-"Aprender algo más fuera de lo común. Cuando uno tiene hijos sirve para no ser ignorante".
-"Venimos de una torre conflictiva y aprendemos cosas. La comunicación más sana es con las chiquillas. También para salir del mundo de la cárcel, los conflictos, los problemas. Acá tenemos libertad de expresión".
-"Es como estar con nuestras familias, pasamos un rato agradable. Es como estar compartiendo con una prima, amiga, una hermana. Es como estar en la calle".
-"Hay cosas que hemos aprendido acá que no sabíamos, que las podemos enseñar a nuestros hijos. La literatura, las poesías, cosas que no sabíamos realmente. A veces a nuestros hijos se los pueden enseñar en el colegio y nos pueden pedir ayuda a nosotros".
martes, 30 de septiembre de 2014
Consuebot
Alguna vez estuve horas jugando con esa aplicación de Facebook que tomaba todos los estados que habías puesto alguna vez en la vida y te creaba frases nuevas. Esto dije:
-También me asusté, pasó algo con el ser conscientes.
-Me gustó mucho el reencuentro, produce algo especial, algo imponderable.
-El innegable poder de enterarte de mí.
-He vuelto a ser el alba cuando amas.
-Nosotros salimos porque se empezaron a caer las películas.
-De nuevo el corazón valió trescientas fotos.
-Este fin de tu boca.
-Comencemos con que soy una rehabilitación de excepciones.
-También me asusté, pasó algo con el ser conscientes.
-Me gustó mucho el reencuentro, produce algo especial, algo imponderable.
-El innegable poder de enterarte de mí.
-He vuelto a ser el alba cuando amas.
-Nosotros salimos porque se empezaron a caer las películas.
-De nuevo el corazón valió trescientas fotos.
-Este fin de tu boca.
-Comencemos con que soy una rehabilitación de excepciones.
-Dibujo el pequeño punto de rendirme.
-Dormir tempranito para ser cierta.
-Casi me vuelve adicta a sus formas.
-Tu odio que me tiraría la espada en la vista.
El colmo. Hasta cuando me desarman el discurso me pongo romántica.
martes, 9 de septiembre de 2014
No man is an island
No man is an island,
Entire of itself,
Every man is a piece of the continent,
A part of the main.
If a clod be washed away by the sea,
Europe is the less.
As well as if a promontory were.
As well as if a manor of thy friend's
Or of thine own were:
Any man's death diminishes me,
Because I am involved in mankind,
And therefore never send to know for whom the bell tolls;
It tolls for thee.
John Donne
No man is an island, dice Donne, y más allá de que sea un inicio vertiginoso y directo, como el camino trazado por un cuchillo que es a la vez doloroso pero claro, me parece que es utópico. Que hay un pacto de credulidad cuando lo leo, como si él supiera que me está mintiendo y yo supiera que no me está diciendo la verdad, pero ambos estamos tan cegados con la idea de que sea cierto que nos lo perdonamos mutuamente. Él pronuncia con decisión y yo asiento, ojos admirados. Hoy día nos creemos.
Pero ayer y pero mañana hay hombres que son islas impenetrables, que por impenetrables e inaccesibles se vuelven adictivas. Hay hombres de los que no puedo divisar ni la orilla de su playa, ni el color de las aguas que los rodean, ni las formas que dibujan las corrientes a su alrededor. Hombres de los que no pueden estimarse dimensiones ni paisajes, de los que hay que adivinar la topografía, donde las copas de los árboles son tan altas que nada se divisa, ni a sobrevuelo. Hombres que, además de ser una isla, están al borde de la tierra. Inestables casi. A punto de caer casi.
Yo con él me siento como si estuviera en ese límite desdibujado que es su playa y el abismo, como si flotara en un bote precario a metros del muelle pero no pudiera arribar a la orilla porque es físicamente imposible. Aunque quisiera -que quiero- y aunque él quisiera -que no sabe si sabe-, pero tampoco me retiro. Es como si mientras fuera divisando las sombras que están más allá del agua, más necesidad tuviera de llegar.
Y sé que las sombras no revelan nada, que sigue estando todo a oscuras, cerrado, impenetrable. Lo único que revelan las sombras es que me acerqué a la orilla, que las distingo. Que me permitió recorrer la segunda mitad del camino, que ya es algo inédito viniendo de él, y yo pienso, porque soy mujer y utópica y una vez leí que alguien dijo No man is an island, que en el fondo quiere que me acerque, que atraviese los límites y entre y me apropie de lo que hasta ahora nadie que conoce conoce. Que en en fondo está pidiendo a gritos que lo haga, que teme que lo haga, que ansía que lo haga.
Se supone que every man is a piece of the continent. No puede ser que esté en el mundo y no sea parte de él, que no se rija por las normas humanas que nos rigen a todos. Es imposible que sea una isla, que busque la soledad, que prefiera así la vida, con él y sin nadie.
Yo espero que escuche cómo doblan las campanas, que sienta en algún minuto en alguna parte -bien adentro, aunque no sepa exactamente dónde- que algo le duele, que le incomoda el sonido. Que escuche cómo doblan y entienda que vivimos juntos, que el propósito de todo es que lo hagamos. Que es un milagro inexacto, una coincidencia improbable que existamos simultáneamente, tan geográficamente adecuados. Que escuche el tañido de esas campanas milenarias y que entienda que si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida.
Que las empiece a oír de a poco y deje a medias lo que estaba haciendo. Que corra al muelle y me divise en la orilla, entre el límite desdibujado que es su playa y el abismo. Que, tañido a tañido, vaya entendiendo que están doblando. Que, finalmente, se dé el tiempo de dejarse conmover.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Dark sisters
Esto me valió un 7 en Pensadores, la segunda vez que lo tomé. Lo publico porque creo que es bueno sacar cosas productivas de todo lo que en algún minuto fue una mierda. El autor era Julián Marías.
A veces me pregunto si seguiste viendo Gilmore Girls. ¿Te acuerdas de la vez en que te dije que la vieras? ¿Que era perfecta para ti, que te iba a encantar? Estuvimos rayando un tiempo con ella, así como hace años empezamos a rayar con Grey's. A ti siempre te gustaba el que a mí no. En Grey's yo me moría por Burke y tú por Alex, en Gilmore yo siempre fui Team Jess y tú Team Logan.
Me acordé porque me puse a revisar nuestro inbox. Lo hice porque la semana pasada fui al concierto de Drexler y porque pienso que hace tres meses que no hablamos, hace dos que estuviste de cumpleaños y hace uno que te pusiste a pololear con mi ex. Es curioso, Negra, ¿no encuentras? que finalmente hayamos coincidido en un gusto.
Estaba buceando en tu perfil, en el de él, en nuestros mensajes, para ver si daba con alguna pista, con algún indicio. Me pillaron tan desprevenida que pienso que no te hubieras atrevido. La Vale que yo conocí, que sabía prepararme café con una mano y leerme a kilómetros de distancia, que compartía conmigo su cama de plaza y media mientras nos quedábamos hablando hasta las 5 am, que cantaba conmigo canciones a canon, no se lo hubiera permitido. No hubiera dicho que sí. La Vale, mi Vale, hubiera dicho "cómo se te ocurre, qué estamos haciendo". Aunque mi Vale no hubiera dicho "si a ti te molesta, prefiero abstenerme", ni hubiera dicho "es algo que viene pasando hace tiempo, pero no quiero perderte a ti", ni hubiera vociferado "si prefieres cortar relaciones, no hay nada que yo pueda hacer". Ella no me hubiera hecho elegir a mí: habría sabido mantenerse lejos. Así que, pensándolo bien, seguramente es cierto. Definitivamente es cierto.
Buceé en las profundidades de nuestra amistad cibernética y no, nunca, jamás me di cuenta, jamás mencionaste nada. Lo único relativo a él lo encontré en julio pasado y decía "todavía te mira con ojos de amor" y el último evento al que ambas asistimos —al que los tres asistimos— fue a mi cumpleaños, en el verano.
Es raro que el tema me siga dando vueltas constantemente. No siempre me acuerdo de ti o de él, de hecho de él me acuerdo menos que nunca. Me acuerdo más de ti porque viví la mitad de la vida contigo y porque en todas las conversaciones que tengo, alguna de nuestras anécdotas es pertinente. Pero hace un tiempo decidí que basta de esta autocompasión y de idealizarte como una mujer sufriente, en una encrucijada, que está pasando por un mal momento y tomando decisiones erradas de las que después se arrepentirá. Por eso te escribí un mail, un sábado de abril, y te mandé un abrazo de despedida y te dije que lo sentía más que la cresta, pero que tenía que eliminarte de Facebook para vivir tranquila.
Me da pena porque nuestra historia era bonita po, Negra. Habíamos pensado en cómo le íbamos a contar a nuestros respectivos hijos las anécdotas que habíamos ido acumulando: todo lo que vivimos, lo que nos tocó soportar, lo incondicionales que fuimos para la otra.
El día que fuiste a mi casa a tomar once y pasar la tarde conmigo (el día que, para ti, era el de revelar lo que estaba pasando), te entregué un libro que te hice durante meses, para que escribieras tus cosas. Busqué extractos de todos los textos que me habían marcado alguna vez —Cortázar, Shoffstall, Ovidio, Neruda— y te las transcribí a mano para que te sirvieran alguna vez. Me pregunto si escribes en él, si leíste lo que te escribí, si piensas en nosotras.
Después me dijiste y, como era esperable, todo se fue a la cresta.
Ahora no estás y es curioso porque es como si te hubieras esfumado. Yo me corté el pelo más de veinte centímetros y me imagino que tú también debes estar distinta. Es increíble que la gente cambie tan rápido. Ya no estás, Negra. Te fuiste de forma turbia y lo peor es que todo se ha ido llenando de niebla hacia atrás desde entonces.
Ya no sé con certeza cuántas manos usabas para prepararme el café en nuestros días de colegio ni si dormíamos juntas o si yo usaba la cama nido. No sé, ni siquiera, si te gustaba el Ignacio cuando estaba conmigo, si ya estaban juntos cuando fueron a mi cumpleaños o si se sienten un poquito, un ápice culpables de estar juntos. De haberme dejado sola. Los dos.
La mejor amiga de Julián Marías fue su esposa. Tú fuiste mi mejor amiga, no el Ignacio. Con él ni siquiera fuimos amigos, fuimos pololos, que es distinto. Que a veces, pero no necesariamente, puede ser lo mismo. Dolorosamente intensos pololos, pero no amigos. Por eso a él no lo extraño, porque a ti te quedaba más rico el café y porque era a ti, Negra, a la que consideraba mi hermana.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Órganos análogos
El autor era Alejandro Llano y a Rojas se le ocurrió decir que, de todos los científicos, los físicos eran los más humildes. Lol.
Siempre me imaginé su cerebro como un órgano palpitante, lleno de cavidades con vida y movimiento. Me lo imaginaba mientras hablaba, cuando movía sus manos para explicar lo que decía o cuando escribía números con su caligrafía accidentada. Era como si uno pudiese visualizar exactamente el recorrido que trazaban sus ideas desde que se gestaban hasta que salían de sus labios: me las podía imaginar atravesando las paredes vivas de ese cerebro denso.
A veces lo recuerdo enseñándome fórmulas con su voz ronca, con sus ejemplos rebuscados y su rapidez increíble, haciendo figuras geométricas y teoremas en los rincones de mis guías. Lo recuerdo cuando ponía el brazo sobre mi silla y su olor inundaba todo el aire que rodeaba mi nariz. A veces lo recuerdo en la época en que yo estaba hipnotizada por la grandilocuencia de sus cálculos y cuando creía que con eso era suficiente. Cuando estaba convencida de eso.
Después, detrás de la certeza de los números, aparecieron de a poco las demás cosas: la nube de ego que lo envolvía, la incapacidad de ver más allá de lo que se convencía a sí mismo de que era cierto, la completa negación a decir me equivoqué.
Con el Ignacio terminamos porque él quiso y porque no se puede obligar a alguien a estar en algo que no desea. El Ignacio terminó conmigo porque se le ocurrió que yo no lo quería y, en lugar de preguntarme, se fue. Se fue como llegó: sin consultarle a nadie y azotando las puertas de salida; desestabilizando todo que estaba cerca y que, con el golpe, tambaleó.
Nunca había visto a nadie que tuviera una forma tan particular de irse de alguna parte: así, a medias, como si dentro de todo le gustara dejar un rastro imposible de obviar en la vida del otro.
El Ignacio se fue de forma definitiva (porque nunca se decidió verdaderamente a volver) y sin embargo se preocupó de dejar el camino despejado para su regreso (porque nunca se decidió verdaderamente a escapar), preocupándose de marcar territorio para que nadie nunca ocupara su puesto. Y nadie, nunca, lo hizo. Se encargó de dejar un espacio perpetua y notoriamente desocupado que nunca buscó llenar y el espacio, eventualmente, terminó por acostumbrarse a la nada.
Hace poco –como si hubiera sido una iluminación divina– me di cuenta de que nunca fue su cerebro el que se me asemejaba a un órgano palpitante. La analogía andaba cerca, pero en esencia –en un detalle clave– estaba gravemente errada: siempre fue el órgano palpitante el que funcionaba como un cerebro.
Dicen que los físicos son, de todos los científicos, los más humildes. A mí la experiencia me ha enseñado que están lejos de serlo. Que pueden ser los más fascinantes, erráticos, etéreos e indescifrables; pero que difícilmente van a ser capaces de dejar escapar un perdón cuando se lo pidan sus entrañas, o mucho menos de decir vuelve. Incluso cuando lo tengan grabado en cada rincón inexacto de sus vastas anatomías.
sábado, 17 de mayo de 2014
Goodbye dance
Hoy día Cristina se fue de Grey's. Ya era hora, encuentro, la serie siempre ha encontrado la forma de hacerme sentir identificada y desde que dejamos de hablarnos que me parecía inconexo que Cristina siguiera.
Ella, a diferencia de ti, se fue por la puerta ancha. Hubo bailes de despedida y llantos y promesas de contacto. Fue un bonito final para las dark sisters, igualito al nuestro. Ordinario y por whatsapp.
Hace un rato me llegó un mail que confirmaba que cobré mi Vale vista y, a la rápida, pensé que era un mail tuyo. Así de necesitada de un cierre estoy. Por eso me lloré todo el capítulo y sobre todo la escena del baile. Siempre acordamos que tú eras Meredith y yo era Cristina, así que decidí que esa va a ser nuestra despedida. Así fue como terminamos.
Bailando una canción que te encanta en la pieza que fue testigo de lo que fuimos; yo moviendo mis rulos y tú haciendo tus pasos de baile.
He was never the sun, negra, espero que lo tengas claro. You were.
Farewell, Mer.
Farewell, Mer.
jueves, 27 de marzo de 2014
Fin de semana largo
Estación Salvador, 10.34, nos encontraremos detenidos por más tiempo del esperado.
En una mano 3 bolsas y en la otra una maleta con la mitad de mi peso.
Diez minutos después me bajo en Universidad de Santiago: todavía alcanzo.
Pongo cara de mosquita muerta para que algún caballero me ayude con las maletas en las escaleras y entro al terminal hecha un relámpago.
El asistente del bus está por cerrar el portamaletas. Recibo mi ticket, reviso mi boleto y tomo asiento en el 21.
10.50 en Jueves Santo y lo logré. Saco mi celular y es eso lo que le escribo a mi mamá.
Cinco horas de sueño, cuatro días de total paraíso y después, de vuelta a la jungla de cemento.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Fe de erratas
Tú: Oye, nuestro querido colegio está en la ruina.
Yo: A ver, "nuestro querido colegio" es mucha gente, será "tu querido colegio" pero no el mío.
Tú: ¿Por qué?
Yo: Porque yo no lo pasé tan bien, no me gustó tanto, la gente no me trataba bien.
Tú: Yo te traté bien.
Yo: Sí, tú, pero nadie más. Por si no te acuerdas, me hacían bullying.
Tú: Sí, me acuerdo.
Fe de erratas: donde dice "sí, tú, pero nadie más", debe decir "sí, pero después me pateaste y quedé hecha mierda, así que no se vale".
Yo: A ver, "nuestro querido colegio" es mucha gente, será "tu querido colegio" pero no el mío.
Tú: ¿Por qué?
Yo: Porque yo no lo pasé tan bien, no me gustó tanto, la gente no me trataba bien.
Tú: Yo te traté bien.
Yo: Sí, tú, pero nadie más. Por si no te acuerdas, me hacían bullying.
Tú: Sí, me acuerdo.
Fe de erratas: donde dice "sí, tú, pero nadie más", debe decir "sí, pero después me pateaste y quedé hecha mierda, así que no se vale".
martes, 22 de octubre de 2013
Why I like you
El original acá:
¿Sabes por qué me gustas? Porque eres mi amigo. Porque eres mi mejor, más divertido amigo, con quien disfruto de pasar el tiempo, con quien me gusta hablar y a quien me gusta escuchar. Porque me haces reír y porque te hago reír. Porque es tan fácil y cómodo estar cerca de ti. Porque cuando te emocionas con cierto tema, quieres contarme todo sobre él y hacerme entenderlo. Porque confías en mí para entender tus pensamientos e interpretarlos. Porque eres una de las personas más extrañas que he conocido. Porque aunque pueda amanecer más abrazada con otros, sigo prefiriendo que seas tú.
Nunca te he dicho nada de esto porque me asusta hasta la muerte que hacerlo pueda destruir nuestra amistad y removerte por completo de mi vida, y eso es absolutamente lo último que quiero que pase. Preferiría sentirme miserable y celosa y triste y que todavía siguiéramos siendo amigos. Porque cuando estoy contigo, me olvido de que me siento miserable y celosa y triste.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Locomoción colectiva
Es la tercera vez que nos topamos en la misma micro y él se
pone a recitar el exacto discurso de cada vez anterior: que se quedó cesante
hace poco, que viene de Impuestos Internos –saca unos documentos– y que no le
han dado ninguna solución. Que le avergüenza subirse a pedir limosna, pero que
necesita alimentar a sus hijos. Mentira, pienso, no viene de Impuestos Internos
ni quedó cesante hace tan poco. Sin embargo, saco una moneda de la mochila y la
deposito en la blanca palma de su mano.
sábado, 18 de mayo de 2013
Terminó The Office
No recuerdo exactamente en qué curso estaba, pero creo que fue en segundo medio. Quizás primero, pero por esos tiempos. La época en la que el Jero llegaba los viernes y se iba los domingos, y a veces me ayudaba con mis pruebas y a veces me grababa películas. Ésa fue la época, el Jero me dijo "te tengo una serie, tenemos que verla juntos" y yo, como desde siempre, le dije que sí sin dudarlo. Así fue como empezamos a ver The Office en el computador de su pieza, tendidos en la cama. No sé si él se imaginaba lo que estaba creando, capítulo a capítulo, pero lo que sí sé es que esa invitación se volvió fundamental en nuestra relación.
No es que mi relación con él se base en nimiedades como series o maratones de películas antes de los Oscar o la ceremonia, cada año a fines de febrero. No. El lazo es mucho más profundo que eso. Y sé también que muchas personas no se llevan bien con sus hermanos y que hay otras que dicen que sí, que buena onda, que son familia así que han aprendido a llevarse, pero ése no es mi caso. El Jero no es mi hermano no más, con quien veo series y me río y lloro: es una de las cosas más importantes que tengo en mi vida.
Cuando era más chica (bien chica, tipo seis años) siempre soñaba que el Jero se enfermaba y le pasaba algo. Siempre despertaba llorando. En ésa época no éramos tan cercanos como ahora, pero yo ya lo idolatraba incondicionalmente. Por esos tiempos era mi modelo a seguir, no más, el monito mayor al que siempre quería imitar y del que buscaba la aprobación constante. Eso bastaba: que el Jero se riera, que el Jero me contara algo.
Lo de The Office pasó años después, cuando yo ya era grande (pero aún chica) y estaba en media y compartíamos el mismo humor y se volvió algo nuestro, ver la serie. Repetir las frases de Michael Scott, bajar capítulos y esperar que llegara el fin de semana para que el Jero viniera, mochila al hombro, a darse un tiempo de su vida de universitario para estar conmigo. Eso era todo para mí. La serie era un pretexto, era lo que venía por añadidura. Lo que más disfrutaba era explotar de la risa en las mismas escenas, que me sorprendiera con imitaciones de vez en cuando, que tuviéramos esa complicidad.
Entre maratones de temporadas nos pusimos al día y cuando salí del colegio ya íbamos esperando que saliera cada nuevo capítulo. Era una tradición instaurada.
Creo que por eso me dio tanta pena que terminara la serie. No porque le faltaran más temporadas, no porque Steve Carell se hubiera ido, no porque fuera a extrañar los capítulos ni mucho menos porque pensara que con ella se terminaría el lazo con mi hermano. No, esa opción nunca ha pasado por mi mente. Creo que me apena porque inevitablemente es el cierre de un ciclo que no puedo ignorar, que se está materializando ante mis ojos.
Cuando empezamos casi accidentalmente a involucrarnos con esa historia, yo tenía quince, estaba en el colegio y esperaba que el Jero llegara cada fin de semana. Hoy, cuando terminé de ver el último capítulo de la última temporada, estoy en mi visita mensual a la casa, la vez que coincido en el Jero, por pocos días y pocas veces.
Los dos hemos crecido y me alegro de que así sea, porque eso indica que estamos vivos y que hemos decidido crecer juntos, cerca. Pero me da pena y nostalgia pensar en que el tiempo pasa rápido, que ya no volveremos a vivir en la casa como cuando éramos más chicos y que al final, la vida avanza irremediablemente.
Sé que vamos a encontrar más series, pero The Office simboliza para mí toda la evolución de cómo mi hermano pasó a transformarse en "my person".
Por eso le tengo tanto cariño a la serie y por eso no pude decir palabra cuando escuché la canción cerrar ese perfecto capítulo. Porque yo sí sé reconocer que estos son los tiempos que el día de mañana voy a añorar. Porque tengo la posibilidad de llorar en el hombro del Jero y decirle que lo amo y yo sé que él entiende todo eso.
Y eso, considero, es razón suficiente para estar agradecida.
domingo, 10 de junio de 2012
Síndrome del nido vacío
¿Qué voy a hacer cuando el Gabriel crezca? Cuando ya no se siente a jugar con el celular en mis piernas ni se venga a acurrucar a mi lado antes de dormir, cuando hable como grande y se vea como grande y actúe como grande y deje de ser mi Garyel. Cuando sea más alto y ancho que yo y tenga polola y me pida que no le diga Garyel frente a ella porque se llama Gabriel y le da vergüenza.
Va a ser tan, tan terrible.
viernes, 25 de mayo de 2012
Lost
La Anto es la hermana menor del Bruno. Es amiga de la Negra —o sea, ronda los 14— y tiene casi la misma diferencia de edad con él que yo con el Jero. Hace un par de años veíamos la misma serie, pero yo no lo supe hasta que en la misa del Bruno habló la Anto y le dijo see you in another life, brother, y a mí nunca se me volvió a olvidar la forma en que nos miraba sabiendo que efectivamente así sería.
jueves, 17 de mayo de 2012
Como en todo orden de cosas
Con la música reventando mis oídos, me acerco a ti por tu espalda y aprieto entre mis dedos la piel de tu codo. Quiero arrancarla y que te sangre, que lo notes, que lo sientas. Sin embargo elijo tu codo —de entre todas las partes agredibles de tu cuerpo— porque aun algo ebria entiendo que no te duele. Y yo quiero odiarte —y quizás ya lo hago— pero sin hacerte daño. Así que te aprieto el codo mientras me rechinan los dientes y me duele más a mí la fuerza, que a ti el impacto.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Pasas que cosan
El problema, por las mañanas, es que luego de que truena el despertador, todo se vuelve dispensable. Puedo ducharme en la tarde —20 minutos más de sueño—, no tengo por qué pintarme (ni que sucedieran cosas demasiado interesantes durante el día) —10 minutos extra—, no tengo hambre —los 15 minutos del desayuno serían un desperdicio de tiempo—, puedo ponerme la misma ropa de ayer —5 minutitos— y ciertamente no necesito llegar con anticipación matea a clases.
Una hora después, cuando finalmente me levanto, decido que la ducha es necesaria, que cómo voy a ir a la U con la misma ropa dos días, pálida como un zombie y con el estómago vacío —bastante peligroso resultaría para mi glicemia—. Tomo la micro porque ni cagando me voy en metro y llego a Casa Central 20 minutos tarde. Todos los santos días. Todos.
martes, 24 de abril de 2012
Plan
Subamos el cerro y comamos fruta mientras arrancamos el pasto con nuestra risa y nuestros dedos. Deja que me apoye en tu hombro mientras tú te quedas inmóvil y pensemos en rozar nuestras manos sabiendo que no lo haremos. No hablemos de cuándo habrá que irse porque tengo ganas de quedarme y que te quedes, y mirarte de cerca con los ojos cerrados.
martes, 13 de marzo de 2012
Hola de nuevo
Tu fantasma entró conmigo y fue a reunirse con tu cuerpo. Me saludaste por primera vez desde tus ojos y descubrí —con alivio— que ya no eras el mismo. En tus manos no llevabas mis huellas y en las pestañas te colgaban otras miradas. Luego pensé que quizás a mí también se me había esfumado la evidencia y dejé de temblar. Entonces me aventuré —inédita— a regalarte una sonrisa (la primera, para ti, sin segundas intenciones).
era viejo, pero siempre quise subirlo.
domingo, 15 de enero de 2012
Aviso de utilidad pública
Me gustaría que mis relaciones fuesen simples, como si 'relacionarse' no fuera la gran cosa.
Amigos que no hicieran problemas, que no exigieran mucho, que entendieran que si no los llamo o si no los veo, no indica que no los recuerde o que no les tenga cariño. Gente que quiera ser uno mismo conmigo, sin sonrisas falsas ni no te preocupes que deban preocuparme.
A veces —de vez en cuando, una vez cada un mileno— también me gustaría tener un alguien simple, que no necesite que nos tomemos fotos para probar nuestra relación en facebook, ni que nos llamemos cada media hora ni que me exija más tiempo del que puedo ofrecerle. Alguien que le baste mirarme y yo saber que lo miro de la misma forma cuando estemos solos y sea eso. Simple. Si quiere tomarme la mano, que lo haga (de preferencia no); si quiere darme un beso, que lo haga también (de preferencia sí).
Que no tenga que aclarar cosas que he dicho expresa y directamente, y que no tenga que buscar en sus palabras sentidos que no espero que existan.
Interesados contactarse conmigo.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Good old times
Me gustaba cuando era antes. Antes, cuando hacíamos burbujas con lavalozas y corríamos en el pasaje y escapábamos de las avispas imaginarias en las bicicletas y hacíamos guarderías en la terraza y nos bañábamos en la piscina de plástico. Antes.
Ahora el lavalozas está espumando en la esponja que tengo entre las manos mientras el agua corre y se desliza por el resumidero. No se oye otro sonido más que el del agua al correr y la esponja al espumar y las nostalgias al aparecer.
Estoy sola en otra casa que no es la casa y de pronto ya no corro por el pasaje, ni siquiera ando en bicicleta.
El lavalozas se volvió de un momento a otro sólo lavalozas y dejó de ser poción de felicidad absoluta. A mí me creció el pelo y la voz se me fue despitificando y la vida sigue. Siempre sigue.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

