jueves, 2 de junio de 2011

30 day song challenge

Todos sabemos que la constancia no es lo mío, pero la curiosidad sí. Así que quise entrar en esto y salir de ello todo al mismo tiempo.

1.- Mi canción favorita: Please, please, please let me get what I want, de The Smiths. Sí, la conocí con la película, crucifíquenme. No creo que sea mi canción favorita eternamente, pero en este minuto es la que más cosas me dice. Y me dan ganas de llorar cada vez que la escucho.
2.- Canción menos favorita: Lo dejaría todo, de Chayanne. Aparte de chula, cuando chica solía soñar que el Jero estaba enfermo y anda a saber tú por qué, pero esta canción siempre estaba de fondo en mi sueño.
3.- Canción que te haga feliz: Us, de Regina Spektor. Lenda, lenda.
4.- Canción que te pone triste: Almost lover, de A fine frenzy. A quién no le ha pasado.
5.- Canción que te recuerda a alguien: Las transeúntes, de Jorge Drexler. Me recuerda a la Vale, mi mejor amiga, que me mostró a Drexler y tuvo la gentileza de llamarme por teléfono justo en esta canción cuando fue a verlo.
6.- Canción que te recuerde a algún lugar: es una muy vieja, se llama El mar y el cielo y es de José Luis Rodríguez con Los Panchos, me recuerda a los viajes a Cobquecura porque mi mamá siempre la escuchaba cuando yo era chica.
7.- Canción que me recuerde a un evento específico: mm Please don't stop the music de Rihanna me recuerda a cuando bailé en el esquema de mujeres de mi bloque, en II medio
8.- Canción que me sepa cada palabra: muchas, pero presumiré con Respiros de MDM
9.- Canción que pueda bailar: pucha, todo lo que sea bailable xD pero me gusta bailar Dynamite de Taio Cruz
10.- Canción que me haga dormir: Flores en el mar de Jorge Drexler, sobretodo la versión de Cara B
11.- Una Canción de tu banda favorita: mm no tengo banda favorita, perdón :( mis cantantes favoritos son todos solistas
12.- Canción de una banda que odies: Mientes de Camila, la ODIO
13.- Canción que es un placer culpable: Sabes de Reik. Me carga Reik, me carga la música cebolla, pero disfruto mucho irme cantando Sabes con la negra en el auto emocionadamente.
14.- Canción que nadie esperaría que me gustara: mm supongo que Dig de Incubus, porque no es un grupo que escuche y es la única canción que me gusta
15.- Canción que te describa: en este minuto no, pero creo que la canción que me ha descrito más fielmente ha sido Gravity de Sara Bareilles
16.- Canción que solía amar y ahora odio: no es que ahora la ODIE, pero ciertamente me desagrada más que antes: Honey let me sing you a song de Matt Hires
17.- Canción que escucho a menudo en la radio: no escucho radio, pero en Chillán siempre escuchaba Coleccionista de canciones, de Camila ¬¬
18.- Canción que me gustaría escuchar en la radio: Los últimos veranos de Dënver :D
19.- Canción de mi álbum favorito: 730 días de Jorge Drexler, en mi disco favorito Cara B
20.- Canción que escuchas cuando estás enojada: nosé, Peces? de la Fran Valenzuela
21.- Canción que escuchas cuando estás feliz: Banana Pancakes de Jack Johnson
22.- Canción que escuchas cuando estás triste: La vida es más compleja de lo que parece de Jorge Drexler (temón)
23.- Canción que quiero que pongan en mi boda: Someone is there waiting for my song de Aselin Debison
24.- Canción que quiero que pongan en mi funeral: Blackbird pero esa versión
25.- Canción que me haga reír: (?) por lo mala? Están lloviendo estrellas de Cristián Castro
26.- Canción que puedas tocar con un instrumento: Anyone else but you del OST de Juno, en guitarra (y sería mi repertorio)
27.- Canción que me gustaría saber tocar: Inoportuna de Jorge Drexler
28.- Canción que te hace sentir culpable: Brighter than sunshine de Aqualung :(
29.- Canción de mi infancia: All I have to give de Backstreet Boys :D
30.- Mi canción favorita a estas alturas el año pasado: No es que ahora no me guste, pero el año pasado estaba obsesionada con ella... ahora sólo la amo La trama y el desenlace de Jorge Drexler

Y eso :)

sábado, 28 de mayo de 2011

Vivir con 5

Cada vez que voy a entrar a la ducha acá en Santiago, sonrío.
En Chillán todos éramos grandes. Aunque el único mayor de edad era mi hermano, los 3 teníamos que hacernos responsables del orden a la hora del baño: no dejar la ropa tirada en el piso y no dejar la ducha con pelos (bueno, ahora que lo pienso bien sí teníamos nuestros roces, sobretodo por los pelos que yo nunca encontraba y mi mamá siempre).
Acá no: acá la casa vive llena de movimiento y ruido. El hermano mayor tiene la edad de mi hermana chica, y el más chico tiene apenas 6 (y es tan demandante como uno de 3).
Me gusta vivir con los niños, me alegran la vida, me ayudan a no echar tanto de menos: el Garyel y sus súplicas por dormir conmigo cada noche (que yo tengo que rechazar educadamente si no quiero amanecer con sus pies tatuados en mis costillas); la Toyota y sus copuchas de amigas y enemigas, y sus múltiples enamorados; la Agus y sus preguntas rebuscadas que tengo que pensar infinitamente antes de responder; el Cris que, a pesar de su silencio, a veces se ríe de mis chistes; el Pancho y su dieta de deportista que nos hace pensar con demasiada frecuencia en cuánto estamos comiendo de más.
Son niños, y se me había olvidado lo que era vivir con ellos.
Se meten en mis cajones, me desordenan el escritorio, me piden que los ayude en tareas realmente básicas y se bañan con la ducha teléfono abajo.
Por eso cada vez que voy a entrar a la ducha, sonrío. Porque está todo mojado y allá donde debería estar la ducha, no hay nada.
En el piso, en cambio, encuentro el cable dibujando figuras y la encuentro reposando en el fondo. Siempre.
Son niños de brazos cortos, de verdades a medias y sonrisas eternas. De esos que te miran con cariño, como si no fueras una extraña que llegó a sus vida sin preguntas previas; de esos que no quieren viajar a Disney si tú no vas con ellos.
Quién lo habría pensado, que terminaría por ser parte de dos familias.
Numerosa y todo, tenía un espacio que (empiezo a intuir) estaba esperando por mí.

viernes, 27 de mayo de 2011

Insuficiente

No me basta con recordarte, ni con evocarte, ni con visualizarte en el umbral de mi puerta.
No me basta. Ni me satisface, ni me llena, ni mucho menos me alivia.
Me basta contigo, pero fuera de mi mente y entre mis brazos.

Heeeeey Macarena!

Creo que hasta ahora no había hablado acerca de mi linda e intrincada familia. Bueno, hoy no será la ocasión, simplemente les contaré acerca de mi sobrina. Oh no, para eso tengo que contar de mi hermana, y así de mi papá y así sucesivamente.
La China es mi "media hermana" pero es una denominación fea para un amor tan grande. Es 20 años mayor que yo y crecí con ella. En realidad se llama Carolina, así que hablaré de ella como la China y la Caro (pero siempre será la misma persona).
Cuando yo tenía 3 años, la Caro fue mamá de la Maca, y al año después mi mamá tuvo a la Viví. O sea, éramos 3 niñas que vivíamos bajo el mismo techo y compartimos toda nuestra infancia. Nos queríamos, pero a veces peleábamos.
Cuando pasé a 7mo la China y la Maca se fueron vivir a EEUU y formaron una familia que ahora ha crecido a base de niños rubios que no hablan ningún idioma pero balbucean dos.
Hablamos siempre, por webcam o por teléfono o por facebook o como sea. Siempre estamos conectadas y nos echamos mucho de menos.
En fin, no quiero irme por las ramas. Hoy día mi hermana me mandó por inbox el blog de mi sobrina, y me llevé una muy grata sorpresa al leerlo y reír con su humor irónico y su uso tan gringo de la vida y el inglés.
Encontré esto que me pareció notable y quiero ponerlo acá, en el mío. Habla principalmente del estigma que le ha significado la canción Macarena allá en EEUU (¡cómo no se me había ocurrido antes que eso le podía pasar!).

MACARENA
Macarena. The unfortunate name I was sadly given.
“Macarena, can you dance the Macarena?” “One maca, two maca, three Macarena!” “Heeeeey Macarena!”
I’m tired of it. Mostly now I just ignore it, but when I was younger and heard people say these thing… it made me want to kick a puppy. Most people say they love my name, and I like my name too, but sometimes it can get sooo annoying. It maddens me that people can be so unaware of how rude they are being. The song “Macarena” is a memory of the year I was born, a memory of my family, a memory of everything dear to me… and a memory of how many times it is mispronounced, laughed at, danced and sung to.
The first days of school are the worst. Teachers are pronouncing my name wrong, new students are laughing at my name, and my friends greet me by dancing to the macarena. C’mon people! I don’t wake up at 5:30, ride a filthy bus, choose a cute outfit just so you can have fun with my name. Sometimes even my Spanish teachers pronounce my name wrong. (That comes to show how good they are at their job.)
The sad part is that I sometimes can’t help but sing along with everyone else in my head, it’s just such a catchy song! Though I usually don’t mind when people dance to it, I know that I will NEVER dance along with them. As long as I know the dance and can remember how to do it, I’m satisfied.
“Heeeeey Macarena!”
I walk though the hallways facing forward, knowing that if I hear my name they aren’t calling anyone else but me. The only Macarena in the school district.
The song and I are actually a lot alike. We are both upbeat. When you hear the song you can’t help but dance. I can’t help smiling at the fact that they are singing my name and no other. For my birthdays I get cards singing the Macarena, and my friends always put it somewhere in the conversation everyday.
The song bring back more memories that I can list. It is special to me and my family and I won’t ever forget it, and my friends won’t either.
But right now I am proud to say that my name is Macarena Subiabre Ferrer Aravena Bunster Masri Vaccaro.


martes, 17 de mayo de 2011

Sonias del mundo uníos

Total, la vergüenza más grande ya la pasé.

A raíz de un fragmento de Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoievsky

A casi todas las mujeres nos pasa lo mismo. No a todas, porque hay algunas que simplemente se salvan, pero la mayor parte de nosotras no lo hace. Sonia no es la única, Sonia no es tanto un personaje ficticio, vive en muchas e incluso vive en mí. La sentí estremecerse dentro a cada palabra que iba leyendo, la sentí vibrar e incluso la sentí volver con sus sollozos ahogados.

La historia es siempre igual: él llega, viene y hace lo que se le antoja en tu vida y de pronto te das cuenta que lo necesitas. A él, que no es perfecto, y tiene mil manías desagradables, y tiene malas pulgas y a veces ni él mismo se comprende. Pero en el fondo, sabes que es más que eso. Que tras su rudeza y tosquedad esconde una infinita ternura y por algún estúpido motivo… te involucras. Quieres entenderlo y más patético aún, quieres ayudarlo. Sabes que hay algo en su vida que justifica todo lo que hoy él es: un gran trauma, una pérdida importante, algo que simplemente no todos han vivido y que lo ha marcado para siempre. Te sientes ese superhéroe y sabes que podrías ayudarlo tanto, y te desgastas y sufres, pero extrañamente te sientes mejor.

Él no es el hombre que habías soñado cuando pequeña, no es el que llega en blanco corcel a enamorarte y hacerte plenamente feliz. Es un Raskolnikov cualquiera, sombrío y turbio, triste y enigmático que tras esa mirada revuelta y profunda esconde tanto. No porque quiera esconderlo sino porque no tiene otra opción, porque (terminas por convencerte) no es su culpa.

Pero déjame decirte algo, tampoco es la tuya, y lamentablemente nunca podrás curarlo. Sus heridas son demasiado profundas y no te conviene, escúchame bien, intentar repararlas. Quizás en un principio estés llena de esperanza y notes pequeños avances. Después de todo, él te quiere. Él no se merece lo que vive y tú eres la única que notas que en pequeños detalles se prevé que tarde o temprano las cosas mejorarán, y su cara la inundará una sonrisa y que serás tú quien camine de su mano.
Pero de pronto él ya no está. Se ha ido porque era su naturaleza y eres tú quien ha quedado herida ahora. No concibes el mundo sin su presencia aplastante y te duele cada órgano desde que ya no está. Él ya rehízo su vida y no se ve feliz, pero tampoco diferente de como siempre fue. Todos te lo advirtieron ¡y cuánta razón tenían! Tú no quisiste escuchar y luchaste, pero perdiste la batalla y quedaste seriamente lastimada.
Ya no puedes quejarte porque desde el principio lo sabías, que corrías ese riesgo y las probabilidades siempre terminan por hacer justicia.
Tu querida Sonia interna no pudo salvar de su desgracia a tu Raskolnikov, como a cada Sonia en el mundo le ha pasado.
Por eso a casi todas nos cuesta tanto, porque cada hombre Raskolnikov ha dejado una huella sensible en nosotras y al contacto siempre duele. Por eso cuando llega el sincero que promete y cumple, no sabemos apreciarlo. Por eso en las noches lloramos sin saber por qué.
Porque, admitámoslo de una vez, nos encanta la adrenalina que nos provoca, el temblor en las piernas y esa incertidumbre constante, ese malestar tan placentero.
Las Sonias somos masoquistas y la herida que nos ha dejado Raskolnikov no sana, nunca.
Lo realmente preocupante es que si le haces una pregunta a cada Sonia en el mundo la respuesta será exactamente la misma: los ojos sorprendidos, la sonrisa amarga y el “sí, cómo valió la pena”.

martes, 10 de mayo de 2011

Constanza Doña (o la trágica historia de su gato Uñitas)

Aclaro que la Coni no es mi musa, sólo fue un trabajo para Lengua Española.

Su silueta menuda junto a la ventana era una imagen completamente sobrecogedora: su largo pelo cayendo a los costados de su cara compungida, sus grandes ojos azules humedecidos como poco solía pasar y su pequeña mano apoyada en el vidrio.
Uñitas lloraba, ella bien sabía que los gatos no pueden llorar, pero Uñitas lloraba. Estaba demacrado, enfermo, triste. Sus ojos se encontraron un momento, verde felino y azul humano, y fue suficiente para desatar la pena más grande que su joven corazón hubiera conocido. A sus cortos 8 años, conoció el dolor de la pérdida.
Uñitas nació de Minina, una gata promiscua que se ganó por dibujar en una plaza. Su participación en el concurso fue espontánea: apenas divisó el premio supo que debía ganar. La gata en cuestión tuvo varias crías (todas de diferente aspecto), las cuales fueron puestas en una caja con el fin de ser regaladas. Los pequeños gatos eran lo más tierno que sus ojos hayan visto jamás: pequeñas bolas de pelo que se revolcaban en la alfombra y que luego asomaban sus patas a través del cartón. Ella, sin permiso, tomó el gato que la adrenalina de desobedecer le permitió y lo escondió entre su ropa.
La batalla la ganó, y la familia tuvo un nuevo integrante, blanco y con manchas manjarosas. El pequeño felino mostró muy pronto su inclinación a rasguñar cuanto se le presentara por delante, y el nombre se hizo evidente.
La pequeña Constanza no recordaría grandes momentos o situaciones especiales junto a su gato una vez que el tiempo empañara los recuerdos, pero desde un principio supo que sería especial en su vida. Debieron de haber crecido juntos: jugado en el patio, peinado en la pieza, abrazado en la vida.
El pequeño Uñitas pronto dejó de ser una cría y lamentablemente heredó el defecto de su madre que fue la causa de su propia existencia: fue dado a la vida fácil. Sus deslices terminaron por contagiarle aquello que los humanos más temen: sida.
Uñitas se alejó a pasos lentos de la vida de la pequeña Constanza, y tal como Minina había partido, pronto el hijo escapó de su lado. El hecho que marcó ese punto de su vida fue observar cómo su mascota se dirigía a morir lejos de donde había crecido, y saber que no podría ya traerlo de vuelta.
Hoy la pequeña Constanza es una mujer que aún tiene el pelo largo y los mismos nostálgicos ojos azules; suele recordar con una sonrisa a su gato coqueto, ignorando quizás la huella que este dejó en lo más profundo de su esencia. Resulta obvio al escucharla hablar del tema: esquiva la mirada a algún rincón escondido y la voz le tirita apenas.
Afuera su perro ladra, pero estoy consciente de que en el alma de su casa amarilla, Uñitas ronronea.

viernes, 6 de mayo de 2011

Tanto optimismo me parecía raro

Eso. Tanto optimismo me parecía raro.
Yo, que siempre soy medio sombría, hoy día he andado sorpresivamente feliz, con la sonrisa a flor de labios y el humor bastante activo (no todos entienden mi humor chillanejo, pero yo sé que son buenas tallas así que me río igual). Mis endorfinas están haciendo bien su trabajo.
Quizás fue mucho café con demasiada azúcar, o quizás el chocolate que me comí en la mañana (ya sé que dije que llevaría una vida sana, pero hoy es el día MUNDIAL contra la dieta... ¡era la excusa perfecta!).
Tengo tanto por leer aún y no sé por qué estoy tan tranquila, no quiero que nada interrumpa mi inusual hemorragia de felicidad, menos aún Stalin y Nikita. No, gracias.
Puede ser que, objetivamente, las cosas van marchando sobre ruedas. No tengo nada de qué quejarme, la vida ha sido simpática conmigo últimamente. No tengo motivos para ser pesimista. A mis ojos en este preciso momento.
Aunque, creo, acabo de darme cuenta de la razón exacta que me tiene tan feliz: hoy día Santiago sabía a otoño. Las hojas secas siempre me engañan, pero hoy no estuvieron fuera de contexto. Amaneció como siempre y, optimista, me abrigué en la mañana. Al medio día la neblina se apoderó de Casa Central y siempre he disfrutado tanto el ver a las personas con la nariz roja y saltando de un pie a otro; siempre me ha encantado escuchar al paso "¡que frío!" y sobre todo, siempre me ha fascinado tomarme un café bien caliente.
Y soplar el vaho que escapa del vaso para magnificar el espectáculo, y quemarme un poco la lengua y después alegar por eso.
En resumidas cuentas, es el otoño quien me hace feliz.
Que el frío no se nos escape.